BIBLIOTECAS HUMANAS, UN ESPACIO DE APRENDIZAJE Y TOLERANCIA

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biblioteca humana
La idea no es nueva en Europa, ya que Dinamarca marca el inicio de este proyecto en 1993. En esa época, el viejo continente recibía una gran cantidad de inmigrantes que se instalaban en las principales capitales europeas con su cultura, religión, costumbres y creencias.

La comunidad en ese tiempo observaba de lejos y con temor este movimiento intercultural que se hacía cada día más cotidiano. La autoridad detectó el escenario y comenzó a desarrollar este proyecto, en el que aprovechó de poder poner en el debate una serie de temáticas de orden valórico. De esta manera, llegaba una persona y podía escoger a una persona en vez de un libro, que durante treinta minutos le podía contar su propia historia. Religión, madre soltera, alcohólico, refugiado, soldado, huérfano, fueron parte de las historias que se contaban.


La idea se hizo popular en Copenhague y desde ahí se extendió a otras ciudades de Europa, hasta llegar a Japón. Hoy se cuentan más de 70 países con el proyecto de bibliotecas humanas.

¿Sería positiva la llegada de esta idea a nuestro país?, ¿a nuestra ciudad?. Hoy con una sociedad tan demandante y furiosa, pero que a la vez es súmamente cómoda y poco colaborativa, pareciera que una de estas ideas vendría bien.

Abriría un debate tan necesario entre los vecinos de cierta comunidad, que podrían crecer, ampliar sus conocimientos y hasta generar soluciones o campañas de difusión frente a determinadas materias.

En un mundo globalizado, pero tan individualista, el debate escasea. Miles de historias quedan sin contarse por el poco diálogo amistoso y altruista. Las redes sociales impiden este espacio, pues la inmediatez y la arrogancia de creerse sabiondos es común en miles de personas, a las que si los sacas del computador, muestran una triste capacidad de comunicarse, proponer, crear, generar. Simplemente es más fácil destruir, criticar, insultar.

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